«Nos pusimos a llorar y dijimos, hasta aquí nos trajo Dios»: minero rescatado

24 Ago «Nos pusimos a llorar y dijimos, hasta aquí nos trajo Dios»: minero rescatado

Después de permanecer cuatro días bajo tierra, los relatos de los mineros atrapados en una mina de Lenguazaque son emotivos pero estremecedores.

Antonio, Eduardo y Manuel está felices de volver a reencontrarse con sus familias. Después de permanecer cuatro días bajo la tierra, hoy sus relatos son emotivos pero estremecedores.

“Gracias a mi Dios nos mantuvimos allá, los tres compañeros dándonos moral y también los compañeros de afuera”, relata Eduardo Mateus

Sin embargo, no niegan que cuando se dieron cuenta que estaban atrapados, pensaron en lo peor. Sus ánimos por momentos se caían al ver que las horas avanzaban y sus amigos no lograban llegar a ellos. “Nos pusimos, unos a llorar y otros tristes. Dijimos: ‘hasta aquí Dios nos trajo’. Ya nos comenzamos a decir que cuántos años tenía cada uno y dijimos ‘hasta aquí nos trajo Diosito lindo’”.

Pero a pesar de sentir temor de morir, siguieron teniendo fe y orando, según narrann.

Dicen deberle todo a Dios, porque al encontrar dos tubos para poder comunicarse con la boca túnel de la mina, fue el milagro más grande que pudieron experimentar durante esas 96 horas de angustia.

“Estábamos tapados, sin salida, nos devolvimos, fuimos hasta el nivel. Había dos mangueras no más, la grande, la bomba estaba espichada, entonces miré dos mangueras, la del aire comprimido y la otra y la corté y empecé a gritar por la manguera cuando arriba me respondieron”, detalló Manuel Antonio Sánchez.

Trataban de hablar y jugar entre ellos, dormir cuando el cuerpo no les daba más y pensar en sus familias para resistir las horas que fueran necesarias.

“La comida ayer fueron chocolatinas. Dejamos hasta las calcomanías pegadas a un palo para el recuerdo, donde tuvimos las camas para dormir. Siempre el frío era muy duro, pero entonces cortamos el ducto de la bolsa y con eso nos tapamos”.

Hoy quieren recuperar los días perdidos con sus familiares. Aseguran que por el momento desistirán del trabajo en una mina de carbón y dicen que disfrutarán al máximo la segunda oportunidad que la vida les brindó.

Los tres sobrevivientes solo tienen palabras de agradecimiento con aquellos que silenciosamente, también se convirtieron en héroes de esa misión. Sus amigos y colegas mineros de la región, que, con la fe del carbonero, jamás los dejaron solos.

“Fue terrible porque uno no se espera que un hermano o un familiar le pase una situación de estas”, dijo Yorly Mateus, hermana de minero rescatado.

Hoy los rostros de la familia Mateus miran al cielo, agradeciendo el rescate del menor de los hermanos, Eduardo, de 39 años.

Los días de angustia

Los tres trabajadores tuvieron que soportar eternas horas. Días de angustia que vivieron a 37 metros de profundidad, enterrados con vida luego de que un carro de material se soltó y causó el derrumbe que los dejó aislados, sin alimento y sin bebidas.

La difícil prueba que la vida les puso a los tres mineros comenzó el pasado miércoles 19 de agosto a las 8:20 de la noche cuando el carro que sacaba el material colapsó y rodó derrumbando todo a su paso. Solo cuando intentaron caminar a la salida notaron que habían quedado bloqueados.

Afuera, las horas siguientes al accidente transcurrieron con la llegada a la mina de los organismos de socorro, mineros de la región y familiares.

La ayuda empezó con el despliegue de una tubería de dos pulgadas que se lanzó para socorrerles agua y otras bebidas que los mantuvieran hidratados, y un ducto alterno para que les llegara oxígeno.

Las tuberías fueron usadas también para mantener contacto permanente con los mineros atrapados. A través de un improvisado citófono reportaban su estado de salud.

Al paso del jueves, del viernes y del sábado, mineros trabajaron el día entero en turnos de ocho personas que rotaban cada cuatro horas, dando paso a otra cuadrilla.

Al amanecer del domingo estaban a tan solo seis metros de distancia de los atrapados. Sabían que ese sería el día de la esperanza, día en que los mineros salieran de lo profundo.

Y así fue, el rescate se dio. Tres mineros, tres milagros que se presentaron en una mina del municipio de Lenguazaque en Cundinamarca.  

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